El consumo de biomasa continúa creciendo en Europa hasta situarse como una de las principales fuentes de calor renovable, representando ya cerca del 50% del total. Este avance se produce en un contexto marcado por la transformación del modelo energético, impulsada por la inestabilidad geopolítica, la crisis de suministros y el encarecimiento del gas en los últimos años.
Según el análisis de Bosch Marín, empresa con más de cuatro décadas de experiencia en el sector, el mercado ha experimentado importantes cambios recientes. Entre 2021 y 2023, el aumento de los precios del gas tras la guerra en Ucrania provocó un fuerte incremento en la demanda de leña y pellets. Posteriormente, entre 2023 y 2024, se produjo una corrección con descensos en las ventas de equipos, atribuida a la saturación del mercado y a la inflación. No obstante, esta evolución se interpreta como una estabilización, ya que el consumo de biomasa mantiene una tendencia estructural al alza.
En paralelo, el gas natural pierde protagonismo en el marco de las políticas europeas de transición energética, que apuestan por la electrificación y la reducción de combustibles fósiles. Sin embargo, factores como el elevado coste de las bombas de calor, las limitaciones eléctricas o el aislamiento de muchas viviendas ralentizan este proceso, que podría prolongarse entre dos y tres décadas.
En este escenario, la biomasa doméstica, especialmente en forma de leña y pellet, se consolida como una alternativa viable, gracias a su carácter local, su capacidad de almacenamiento y su menor dependencia de factores externos. Su papel se perfila como clave al menos hasta 2040, especialmente en viviendas existentes, zonas rurales y regiones de clima frío.
El sector también está evolucionando hacia soluciones más eficientes, con tendencias como el desarrollo de estufas híbridas que combinan distintos combustibles, sistemas de pellet hidro que permiten sustituir calderas de gas aprovechando infraestructuras existentes, y equipos que garantizan independencia energética incluso en situaciones de interrupción eléctrica.
Todo ello refuerza el papel de la biomasa como una solución de transición relevante en el camino hacia un sistema energético más sostenible en Europa.




