El comercio global de mercancías afronta una notable desaceleración en 2026 como consecuencia de la inestabilidad geopolítica en Oriente Medio. La Unctad prevé que el crecimiento se sitúe entre el 1,5% y el 2,5%, muy por debajo del avance cercano al 4,7% registrado en 2025, siempre que el conflicto no escale aún más.
De confirmarse estas previsiones, se pondría fin a la tendencia de recuperación observada en los dos últimos años tras la fuerte caída experimentada en 2023. Aunque el ejercicio comenzó con perspectivas favorables, el deterioro del contexto internacional está debilitando la demanda y elevando la incertidumbre.
Uno de los principales focos de impacto ha sido el estrecho de Ormuz, cuyo cierre ha tenido consecuencias casi inmediatas a escala global. La interrupción de este corredor energético clave ha alterado los flujos de petróleo y gas, impulsando los precios y aumentando la presión sobre las economías en desarrollo. En pocas semanas, el tránsito de buques pasó de unos 130 diarios en febrero a apenas seis en marzo, lo que supone un descenso cercano al 95%.
Esta disrupción no solo afecta al suministro energético, sino que también repercute en la producción, el comercio y el consumo a nivel internacional. A ello se suma el encarecimiento del transporte marítimo y de los seguros, así como las dificultades en las rutas logísticas, tanto marítimas como aéreas y portuarias.
El contexto también está contribuyendo a un repunte de la inflación y a una mayor inestabilidad financiera, dejando al descubierto fragilidades estructurales como el bajo crecimiento, el aumento de la desigualdad y el encarecimiento del coste de vida.
Si la situación se prolonga, los efectos podrían intensificarse, con mayores alteraciones en los mercados y un riesgo creciente de una crisis económica más amplia con impacto global.



