El Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas vivió este miércoles una jornada marcada por retrasos y aglomeraciones, especialmente en los controles de pasaportes de la Terminal 4 y su satélite (T4S), debido a una incidencia informática que afectó al sistema operativo de la Policía Nacional y a una insuficiencia de personal en un momento de alta demanda.
La interrupción, calificada por el Ministerio del Interior como un “fallo puntual en el acceso a las aplicaciones policiales”, se resolvió pasadas las 15:00 horas. Sin embargo, el colapso ya había provocado consecuencias significativas: cientos de pasajeros —principalmente de vuelos en conexión— perdieron sus enlaces debido a los prolongados tiempos de espera.
La situación coincidió con una acumulación de llegadas internacionales y un tráfico especialmente intenso por el inicio del periodo vacacional de julio. A ello se sumó la reducción de cabinas de control en funcionamiento. Mientras fuentes oficiales del Ministerio cifraban en 16 las cabinas activas en la T4, desde Aena se apuntaba que solo ocho estaban realmente operativas en ese momento.
El colapso derivó en escenas de tensión: largas filas, pasajeros sentados en el suelo y la intervención puntual de efectivos de la Guardia Civil ante incidentes menores derivados del nerviosismo acumulado. Aena, por su parte, calificó la situación como “puntual” y recomendó a los usuarios presentarse con mayor antelación en el aeropuerto ante el elevado volumen previsto de operaciones —1.268 vuelos programados para la jornada.
La incidencia se produce en una semana especialmente complicada para el transporte nacional, tras el reciente corte ferroviario de más de 15 horas en la línea Madrid-Andalucía que afectó a más de 15.000 viajeros. Pese a la acumulación de incidencias, desde el Ministerio de Transportes desvinculan lo ocurrido en Barajas de su competencia, subrayando que la gestión del control de pasaportes corresponde exclusivamente al Ministerio del Interior.
El episodio pone de relieve los desafíos de coordinación interministerial en momentos de máxima actividad aeroportuaria y la necesidad de robustecer los sistemas de control y contingencia ante situaciones imprevistas en infraestructuras críticas.




